BRASILIA.- El deporte no está incluido entre las pasiones de Dilma Rousseff, pero en los próximos cuatro años ocupará un lugar prioritario en la gestión de la primera gobernante brasileña, encargada de liderar la organización de las dos máximas citas deportivas: el Mundial de fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de Río 2016. Se trata de una tarea gigantesca para cualquier país, pero más para Brasil, donde la organización de ambos eventos supone la conclusión de grandes obras de infraestructura, la construcción de estadios y la solución de problemas en áreas como alojamiento y transporte. Los retrasos en la preparación del primer Mundial de fútbol desde 1950 ya generaron preocupación en la FIFA. Las obras de construcción de los estadios comenzaron con retraso y en San Pablo ni siquiera se iniciaron. Más serio es el estado precario de los aeropuertos que, según el presidente del comité organizador, son el principal problema. (DPA)